Su mirada, ya cansada de observar lo que ocurría a su alrededor, se desviaba lentamente hacia lo que no quería ver.
Cada día era distinto a otro, pero con un ligero toque de rutina.
Confundido por las ideas que cruzaban su mente, ya no sabia lo que debía hacer, lo que era correcto, lo que le hacia mal.
El ruido a su alrededor tomaba parte de sus ideas y sus pensamientos de angustia llenaban el vacio que sentía en su interior.
Nunca antes había sentido tanto la necesidad de salir, de escapar de aquel lugar.
Un lugar oscuro, frio pero a la vez con un ambiente de inmensa de paz, que llegaba incluso a desesperar, sentía que estaba en la cárcel mas cómoda que pudiera existir pero aun así, seguía siendo una cárcel.
Se preguntó cual era el motivo que desencadenó ese sentimiento de aprisionamiento que sentía en lo más profundo de su corazón, pero no lograba escuchar la respuesta.
Tomó la decisión de moverse, de huir de aquel lugar, trató pero no pudo… era como si algo lo tuviera sujeto ahí, atado… no podía mover sus manos, sus pies, ni si quiera podía hablar o gritar para demostrar su desesperación.
Luego de luchar consigo mismo, contra su angustia, se dio por vencido, sentía impotencia pero ni si quiera podía llorar, estaba vacío.
El miedo comenzó a invadirlo poco a poco y por completo, sentía que nunca podría volver a ser como antes, ese optimismo que sentía por la vida poco a poco se fue desvaneciendo con sus acciones y decisiones, con su forma de pensar.
Cuando estaba ya a punto de desmoronarse una pequeña luz apareció en la oscuridad de su mente y recordó
- ¿Por que no puedo?
Querer es poder...
- ¿Por que nada me resulta?
El resultado siempre esta... solo debes saber interpretarlo
- ¿Por que siempre todo esta mal?
Todas las cosas cambian, solo depende del punto en que las mires...
Nunca antes había sentido esto, esta necesidad de salir, de hacerse notar.
Pero a la vez comprendió que nunca antes había sido prisionero de su propio cuerpo, de sus palabras, de su pensamiento.
